Pedagogía del terror o educar para la ansiedad || La noche de los nahuales
Benjamín M. Ramírez
Más de dos millones de docentes disfrutaron del asueto con motivo del Día del Maestro. Aunque muchos lo consideran un privilegio, es necesario señalar que el trabajo en las aulas se ha convertido, en las últimas décadas, en una profesión de riesgo, solo comparable con el trabajo que desempeñan las fuerzas del orden, el ejercicio del periodismo en zonas de combate o la labor del médico en países en guerra o en conflictos armados. El docente, parafraseando a J. P. Sartre, es un ser para la muerte.
En un entorno crecientemente hostil, el docente tiene que lidiar con los problemas que enfrenta la sociedad en general: una incalculable dosis de estrés, ansiedad, inseguridad y la necesidad de un manejo adecuado de las emociones. A ello se suman innumerables casos de condiciones o situaciones psicológicas, como el autismo en sus diferentes grados; entornos familiares de riesgo; las propias situaciones del desarrollo en el adolescente; los traumas, los complejos y la baja autoestima, que se perciben como problemáticas reales que convergen en el aula.
Los casi dos millones cien mil docentes atienden a un promedio de 33 millones de alumnos en todos los niveles educativos. De esta cifra, 4 de cada 10 docentes han sufrido agresiones en sus diversas modalidades; casi 1.2 millones han sido afectados por distintos tipos de violencia: insultos y humillaciones (los más comunes), amenazas, agresiones físicas y extorsión (en algunos contextos), lo que representa una ola creciente de hostilidad hacia el trabajo pedagógico frente a grupo.
Considerando las afirmaciones anteriores, el trabajo del docente en condiciones de riesgo es invisibilizado, a propósito, por el Estado, que oculta el problema. Recientemente, los medios informativos han dado cuenta de las agresiones que han sufrido decenas de docentes, desde campañas de desprestigio hasta ataques con armas punzocortantes o de fuego, con pérdidas irreparables de vidas. Así, el docente, que debería tener la encomienda de ser un agente de formación crítica, pasa a ser un sujeto altamente vulnerable dentro del sistema educativo nacional.
Frente a las situaciones planteadas, surgen varias preguntas: ¿es responsabilidad del alumno?, ¿cuál es la responsabilidad o el rol que deben asumir los padres de familia?, ¿tiene un rumbo la educación pública en nuestro país?, ¿se dirige a partir de ocurrencias o improvisaciones?, ¿tienen las autoridades educativas alguna idea de lo que sucede en el proceso de aprendizaje en el aula?, ¿sabrán quienes diseñan la planeación educativa lo que ocurre en cada trinchera?
“La SEP es un monstruo”, me dijeron cuando fui invitado a participar en las últimas negociaciones para los Colegios de Bachilleres. En ningún momento las condiciones del clima han detenido la labor docente. La intención era clara: desactivar la bomba de tiempo que lleva las siglas CNTE.
En este país se tiene la habilidad de ocultar los hechos haciéndolos evidentes. No hay nada oculto: la distracción como arma política. En realidad, no les interesa la educación del país. La presidenta, con A, estuvo en el aula; conoce las peripecias docentes, la realidad de los alumnos y el salario del magisterio.
A continuación, menciono algunos considerandos para ofrecer una perspectiva real de lo que sucede en el aula: la atención efectiva del alumno es, en promedio, de cinco a diez minutos.
En ese lapso, el docente tiene que hacer circo, maroma y teatro para provocar interés por el aprendizaje. Ese tiempo vale su peso en oro: diez minutos que se diluyen entre quien llega tarde, el permiso para ir al baño, el “saquen su libreta”, “anoten lo siguiente”, “pongan atención”, “guarden silencio”, “siéntense bien”, “dejen de usar sus dispositivos móviles”, el pase de lista y la justificación de una retahíla de faltas tras semanas sin asistir o entrar a clases.
Del comentario cargado de ansiedad a la dinámica del día a día del adolescente: “Profesor, no hice ni haré su trabajo; no me siento con ganas ni motivación para entregar ninguna de sus actividades solicitadas. ¿Por qué usted es incapaz de comprender que no quiero hacerlas?”. No insisto.
También destaco en estas líneas la burla evidente del aumento salarial recientemente anunciado para el magisterio: 9%, distribuido entre salario y prestaciones. Suena a “denme las gracias porque he sido generosa”. La Constitución es muy clara cuando afirma: a trabajo igual, salario igual.
Por eso también exijo: nivelación salarial, promoción docente inmediata, seguridad laboral, visibilizar el trabajo docente como actividad de riesgo, mejores condiciones laborales y lo que se sume.
APUNTES PEDAGÓGICOS EN MARCHA
Los padres deben saber que existe un marcado porcentaje de ansiedad en sus hijos. No basta con darles “libertad”, “dejarlos crecer”, “que se hagan responsables”, “ellos pueden” o “darles su espacio”; en realidad, con esas excusas están perdiendo a sus hijos. Adolescentes que bogan en un mar de incertidumbres, de dudas, de falta de guía, de confianza en sí mismos y de un sentimiento de abandono que deriva en el “me vale”, en resolverlo todo con un tutorial de TikTok, en seguir retos virales como amenazas masivas de supuestos tiroteos en planteles educativos, en suicidios a temprana edad o en caer en adicciones.
Si la educación es el futuro, el rumbo del país está fracturado.
