La noche de los nahuales || La historia de la pizarra y el sombrero que se negaron a dar sombra
Por Benjamín M. Ramírez
Un año de cárcel y seis meses de prisión y la reparación del daño por omisión de auxilio correspondiente a seis millones de pesos fueron librados por el profesor Esteban Canchola, la semana pasada a raíz de la muerte del pequeño Damián.
El dictamen judicial no fue resultado de la benevolencia de la ley o la aplicación de la penalidad, casi indulgente, por parte del juez, o la intervención casi divina de algún político o servidor público que se han aprovechado de la munificencia del magisterio para impulsar sus carreras legislativas o administrativas. Fue la presión y la solidaridad de los docentes, maestros, maestras, que salieron a las calles y exigieron a una sola voz: justicia.
Más de 9 horas de juicio se convirtieron en horas de estrés y una crisis de ansiedad para el maestro Esteban quien fue sometido a la presión de compungirse por la pena solicitada por el fiscal. Como si fuese un delito grave que ameritara tal condena y sobre todo el pago pecuniario, los seis millones exigidos como reparación del daño. Al profesor se le declaró culpable: deberá asistir a los juzgados cada mes para firmar y pagar una multa por seis mil pesos.
Con la sentencia dictada en contra del profesor Esteban se condena a todo el magisterio. La sentencia, en sí misma, asentó un precedente que difícilmente los profesores podrán eludir. Sentenciaron a uno, nos condenaron a todos.
Lamento que el abogado de la parte ofendida no pueda recibir el jugoso porcentaje del 30% en el caso de haber obtenido el millonario pago por la reparación del daño. Ni siquiera en sueño un docente puede aspirar a semejante suma.
La iniciativa de Ramoncito, el chistosito.
Lamentable es la iniciativa de un legislador local, luego del tormentoso proceso que enfrentó el profesor Esteban, al proponer 8 de 8 para ser maestro. Como oportunista ha sido calificado el diputado Ramón Vázquez por el colegiado docente, al querer imponer nuevos filtros y requisitos para ejercer la noble tarea de la docencia.
Más atroz es el hecho de que la mayoría de los legisladores y funcionarios públicos han gozado del apoyo irrestricto del profesorado en tiempos de campaña: ya como promotores del voto, ya como representantes de casillas, RC, o representantes generales, RG.
La labor de Ramón, sin ser desagradecido, representante en ciernes, debería estar proponiendo iniciativas que garanticen la seguridad, el bienestar y el libre desarrollo de los niños, así como la seguridad y certeza jurídica del docente que no debe ser juzgado y sentenciado como culpable por situaciones que se encuentran lejos de su control y que no se vinculan con su responsabilidad al interior de los espacios escolares, comprometiéndose exclusivamente de las acciones que tengan que ver con los aprendizajes esperados, con su trabajo docente.
Supongo que la revisión y mejora de los protocolos para los centros educativos llegan como acciones paliativas, lenitivas, frente a la desgracia. Sólo suponen el tapar el pozo después del niño ahogado. Frente a ello, en mi propuesta, los docentes deben contar con un amparo que los proteja y exima de toda responsabilidad por caso fortuito o aquellos que se registren fuera de toda su actividad docente. El trabajo del docente es generar los aprendizajes esperados.
Imagine usted que atendiendo la situación que derivó en desgracia, otros niños estuvieran en riesgo, por cuidar a uno descuida al resto de la clase. O atender los casos en los que los niños llegan al aula con edemas, traumas o golpes visibles en sus cuerpos y se desencadene un desenlace fatal al interior del aula. O en los casos más cotidianos, sin alimentos o mal alimentados. ¿Se debe castigar a los padres por omisión de cuidados?
Por supuesto que el docente está al tanto de las situaciones emocionales de los infantes, es imposible no estar al pendiente. La animosidad de quienes concurren al aula no pasa inadvertida por quien dirige la clase. ¿Cómo debe actuar el docente frente a situaciones que se le escapan de la mano? Reitero, para los niños, la escuela es su único lugar seguro.
Trascribo algunas situaciones hipotéticas que se registran en el entorno escolar publicadas por la maestra Azalhia Edith:
Porque no merezco pagar con años de prisión algo que no estaba en mis manos.
«— “Maestra, mi hijo y yo tenemos más de 20 minutos afuera, y las puertas de la escuela están cerradas, se me hace tarde para llegar a mi trabajo y no quiero dejar a mi niño solo”
«— Lo siento, señora. Las puertas de la escuela serán abiertas 10 minutos antes de la hora de entrada por protección del alumno.
«— “Maestra, dice mi niño que, al llegar a la escuela, no lo dejan jugar en la cancha, aunque todavía falte poquito para que inicien las clases”
«— Lo siento, señora. Una vez que el alumno ingrese al plantel, deberá ir directo a su salón y permanecer dentro de él, tomar su lugar y esperar el inicio de las clases.
«— “Maestra, dice mi hijo que no lo dejan llevar balón de fútbol para jugar durante el recreo”
«— Lo siento, señora. Para evitar accidentes, se recomienda a los alumnos evitar correr, a menos que sea durante la clase de educación física bajo la supervisión del profesor. El recreo será destinado para comer su lonche, platicar con sus compañeros y/o jugar solo con juegos de mesa.
«—”Maestra, ya le di mi número de celular, ¿para qué me pide los números de mis familiares, de mi trabajo y vecinos? No quiero que se enteren de cosas de mi hijo”.
«— Lo siento, señora. Necesito tener a la mano más de un número de celular para poder localizarla de inmediato en caso de un accidente, ya que en varias ocasiones que he intentado comunicarme, usted no responde al número que me ha dado.
«— “Maestra, ¿para esto me sacó de mi trabajo? El niño ni tiene nada, usted que le cree. Lloró nomás para que me lo llevara a la casa, ahora me van a descontar el día. A la otra me llama nomás si es algo realmente grave”
«— Lo siento, señora. Le llamaré ante cualquier indicio de que su hijo se siente mal. No me corresponde descubrir si son mentiras o no, mi responsabilidad es notificarle de inmediato. Así que, por favor, siempre esté pendiente de su celular.
«— “Maestra, ¿Por qué no le entregó el niño a su primo (tío, vecino, padrino)? Yo no pude pasar por él y ni chance de avisarle”.
«— Lo siento, señora. Por protocolo de seguridad, no se puede entregar al niño a nadie que no venga en el gafete de entrega, ¿lo recuerda? ese gafete que usted autorizó al inicio de ciclo escolar.
«— “Maestra, ¿es necesario que asista cada vez que mi hijo haga algo? Puede avisarme por mensaje, o en una notita en el cuaderno. Yo no puedo estarme saliendo de mi trabajo a cada rato”
«— Lo siento, señora. Es su responsabilidad asistir cada vez que se le llame. Se le informará del incidente y deberá firmar de enterado en mi bitácora de incidencias diarias la cual, además, contendrá fecha, hora, testigos, firmas y sello por parte de la dirección para que sea válida.
«— “Maestra, aquí estoy afuera, mándeme al niño. Es que no encuentro estacionamiento y estoy en doble fila. No me puedo bajar por él hasta la puerta”
«— Lo siento, señora. Busque donde estacionarse y por favor acérquese hasta la entrada. Por seguridad, no puedo permitir que el menor deje el plantel sin su compañía.
«— “Maestra, se me presentó un problema personal, llegaré un poquito tarde por el niño”
«— Lo siento, señora. Comprendo, pero no es la primera ocasión que pasa. Reiteradamente me he quedado con el alumno esperando que pasen por él, cuando mi horario laboral ya finalizó. Esta vez, se llamará a las instancias correspondientes.
Considero urgente que los docentes deben extender una carta responsiva a los padres de familia donde los exima de toda responsabilidad por casos fortuitos ajenos a las actividades escolares. Ante la falta de disciplina, la arrogancia de los padres, la vulnerabilidad de los profesores frente al sistema que los abandona cuando más lo requieren, frente a la indefensión del docente en su día a día, ante la ausencia de la autoridad y control de los papás respecto a sus vástagos, el profesorado deberá estar amparado ante la ley y por derecho.
Cuando atiendo a los padres de familia, comprendo el por qué los jóvenes se comportan como lo hacen en su devenir cotidiano, en su día a día: desde la postura corporal, los ademanes, los gestos, el caminar y las palabras empleadas. Los hijos mimetizan a sus padres. En el salón de clases solo vierten de lo que se nutren en casa.
Hoy, más que nunca, generar los aprendizajes es un verdadero reto. La tarea de educar debe realizarse en casa.
Es lamentable la muerte de un infante. Atroz, el viacrucis del profesor Esteban. Terrible, la decisión del juez. Inconmensurable, la solidaridad del magisterio. Al profesor Esteban se le debe eximir de toda culpa. Que la sentencia del juez no constituya un precedente en perjuicio del magisterio.
Para cerrar quiero mostrar unas consideraciones del portal mexicanos contra la corrupción (contralacorrupcion.mx/feminicidas-libres) donde las pruebas, más que contundentes, no fueron considerados por el juzgador en turno, en casos de feminicidios. Tenían a los asesinos contra las cuerdas, pero los dejaron ir, libres. Sin fianza, sin firmar cada mes, sin multa. Verdaderamente la aplicación de la justicia en México es más que kafkiano, absurdo y angustiante.
Mi pregunta queda en el aire.
«Cuando fue interrogada la defensa notó que en la palma de su mano llevaba anotadas las palabras “video” y “26 de junio”. Eran dos detalles que ella no quería olvidar, las anotó porque estaba nerviosa y tenía miedo de olvidar la fecha en que lo vio y que ambos aparecían en el video del hotel.
Pero la defensa protestó que esas palabras en su mano podrían indicar que la mujer estaba instruida para declarar contra el sospechoso.
Al juez tampoco le convencieron las declaraciones de la trabajadora. Lo vio sólo unos segundos, no era suficiente para que se acordara de él, dijo el juzgador.
«“No resulta creíble el dicho de la testigo de mérito por diversas razones; en primer lugar porque no existe objetivamente un parámetro indicador de que la presencia de la persona del sexo masculino a quien se refiere la identifique por aspectos relevantes que permitan conservar en su memoria imágenes de esta persona, máxime que ella dice que tenía un aspecto de albañil, que le era una persona X, lo cual resulta contradictorio con sus propias afirmaciones relacionadas con que no tiene duda de que es el acusado (…) con quien intercambió palabra, lo cual resulta ilógico porque ese contacto visual a que se refiere en dos momentos distintos se mantuvo por espacio de segundos y no resulta creíble que mantenga en su memoria imágenes de una persona a quien tuvo a la vista por segundos y se trata de una persona que para ella es irrelevante”».
Quisiera preguntar por el testimonio de los niños…
Cuando le pregunto a la pizarra por qué no cumple con su deber de dar sombra. Solo guarda silencio, impasible, inmutable, impávida. Imagino su respuesta. «—Para poder dar sombra no debería estar fijada a la pared, pero ello destruiría mi esencia, ser el medio entre el docente y sus alumnos—».
Reitero la pregunta al sombrero. Y responde, cauteloso. «— No estoy obligado a dar sombra. Para ello, tengo que estar en el lugar y en el momento correcto—».