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UNAM: El arte nacional de hacer trampa o aquí no sirvió el var || La Noche de los Nahuales

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Por Benjamín M. Ramírez

No se necesita ser un experto en informática ni pagar costosos honorarios para ser suplantado en la aplicación del examen y, de este modo, hacer trampa y conseguir una puntuación perfecta en la evaluación de selección para la máxima casa de estudios: la UNAM.

Bastan unas gafas de alta tecnología, como los que ofrece Meta, por ejemplo. Aunque el porcentaje puede ser mínimo, existe el uso de inteligencia artificial, la ayuda de externa, la suplantación de identidad y otros recursos empleados para obtener, con base en el número de aciertos, un lugar en las carreras universitarias ofertadas.

La discusión se ha dado a partir de la aparición de este fenómeno. El instrumento de evaluación aplicado no está a discusión; el problema ha sido el medio: la aplicación en línea, que no brinda la certeza jurídica, del resultado obtenido. La crisis del examen de selección va más allá de su aplicación; indica, de suyo, errores estructurales de fondo. El piso no ha sido parejo para todos los aspirantes.

En los próximos días, la UNAM aplicará un examen de control, que es el mismo examen de selección, para corregir y paliar la crisis. Lo anterior ha despertado la inconformidad de propios y extraños. Los alumnos que aplicaron de forma honesta el instrumento de evaluación repetirán la prueba y confirmar el lugar, y en su caso, la puntuación obtenida.

Los que hicieron trampa pueden quedar en evidencia al presentar nuevamente la evaluación. Sin embargo, en este inter habrá aspirantes a quienes les fue bien en la primera ronda y queden muy por debajo de la puntuación obtenida, si consideramos algunos factores que incidirán en el resultado: el clima, traslados, cansancio, el desvelo, la alimentación, la altitud y la situación emocional, entre otros elementos.

Sin duda, los que se prepararon con anticipación, tanto en conocimientos como en la situación emocional, el examen será un trámite más. No creo que les preocupe en demasía.

En el 2020, la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) procedió a cancelar el examen de admisión presentada en línea, una vez que un determinado número de aspirantes se ufanó de haber hecho trampa durante la aplicación del instrumento de selección.

Así lo expresé en su momento, con fecha del 18 de agosto de 2020:

“Una solución salomónica frente al justo reclamo de quien siente que se le concedieron amplias ventajas para ser admitido en UABC debería ser la anulación automática del proceso de selección en línea; es decir, anular el resultado y obligar a todos los que optaron por presentar la evaluación de manera remota a realizarla su evaluación de forma presencial”.

Con todo lo anterior, es necesario expresar que la UNAM pierde por partida doble. La aplicación de manera presencial le costaba a la UNAM alrededor de 49 millones de pesos; con la aplicación en línea, el costo fue de alrededor de 109 millones, sumado al costo social que la falta de un control más estricto ha restado objetividad al instrumento de selección.

Para quienes hicieron trampa durante la aplicación del examen de ingreso a la UNAM, deben considerar que el fin no justifica los medios. Sí, es cierto que ingresar a medicina, derecho, psicología o administración, está altamente competido, pero eso no justifica el fraude.

Sugiero la siguiente recomendación para quienes aplicarán el examen nuevamente: consideren el entorno. No es lo mismo presentar el examen en Tijuana (del 15 y 16 de agosto) que en Oaxaca (13 de agosto), León (12 y 13 de agosto) o la Ciudad de México, CDMX, (17, 18 y 19 de agosto).

El hospedaje, la alimentación y los traslados en Tijuana son de los más caros del país, en comparación con León o la misma Ciudad de México. El clima, la altitud y otros factores pueden incidir en la obtención de un resultado adverso o favorable.

También recomiendo que lleguen con días de anticipación a la sede de aplicación, ya sea por el clima, el hospedaje y el reconocimiento del lugar donde se realizará la evaluación. Lo anterior, con base en el acompañamiento en los procesos de selección de mis hijas. Es cierto que implica un gasto, en muchos casos onerosos.

Hoy, y lo digo cono conocimiento de causa, en el caso del examen del ENARM, estoy a la espera de la sede de aplicación. Muchas de ellas ya las conocemos; incluso el hospedaje no es una preocupación. El problema es el clima: no es lo mismo aplicar en Puebla que en Mérida, aunque esta última sería una buena opción.

Reitero y parafraseo lo que escribí hace 6 años: “En este país, donde hacer trampas es el pan de cada día —es deporte nacional: “el que no tranza no avanza”—, es necesario mantener la esperanza de que la fuerza del Estado debe imperar ante la práctica oficiosa del que comete fraude”.

Aún no logro dimensionar cómo se les escaparon los candados de seguridad ni cómo no se blindó un proceso que exige un control riguroso. Hacer trampa es tan fácil; detectarlo, también. Lo vivo en cada proceso de evaluación: desde el vetusto acordeón, el apoyo de dispositivos móviles e inteligencia artificial, hasta lo más rudimentario, como tomar una foto al examen y dejar que la IA lo resuelva en segundos.  

Para concluir, hago eco de las palabras de despedida para la generación de egresados del Plantel Nueva Tijuana, generación 2023 – 2026 expresadas por el secretario general del Sindicato de Profesores de Colegio de Bachilleres (SPCOBACH) doctor Eric Gario Cárdenas:

“Ustedes pertenecen a una generación extraordinaria. Son jóvenes que crecieron en un mundo que cambia a una velocidad nunca vista. Hoy tienen acceso a tecnologías que hace apenas unos años parecían ciencia ficción. La inteligencia artificial puede responder preguntas, generar textos, resolver problemas y poner el conocimiento del mundo al alcance de un clic.

Pero que creen…

Existe algo que ninguna tecnología podrá reemplazar: su capacidad de soñar, de sentir, de crear, de tomar decisiones con valores y de construir relaciones humanas auténticas.

La inteligencia artificial podrá ayudarles a encontrar respuestas, pero solamente ustedes podrán formular las preguntas correctas.

Podrá procesar información, pero nunca sustituir la empatía de una madre, el consejo de un padre o la inspiración de un maestro.

Podrá realizar cálculos extraordinarios, pero jamás experimentar la emoción que hoy llena este recinto.

Por eso, mientras avanzan hacia el futuro, utilicen la tecnología como una herramienta, nunca como un sustituto de su pensamiento. Aprendan a innovar, pero también a reflexionar. Aprendan a competir, pero también a colaborar. Aprendan a aprovechar la inteligencia artificial sin perder aquello que los hace profundamente humanos”.

Creo que el discurso es ad hoc, porque el VAR no tiene cabida en un examen de admisión, y menos en el de la UNAM.

Aun así, el futuro está en las aulas.

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