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Antonia Hernández: El motor de 69 años que sostiene a su familia

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Playas de Rosarito, 18 de junio de 2026.- A sus 69 años, Antonia Hernández Gallegos se ha convertido en un referente de resiliencia y esfuerzo cotidiano en la colonia Ampliación Constitución. Desde las instalaciones del Centro Comunitario Tonantzin, esta mujer no solo busca el sustento diario mediante la venta de alimentos preparados, sino que lidera una batalla diaria por el bienestar de su hija de 44 años, quien vive con una condición neurodivergente, demostrando que la voluntad ciudadana es el verdadero motor de una comunidad.

La rutina de Antonia es intensa y demandante. Con una energía que desafía cualquier pronóstico, Antonia se instala diariamente en el interior de dicho Centro Comunitario para ofrecer burritos, arroz con leche, dulces y bebidas. ‘Todo lo preparo yo’, enfatizó, destacando que su labor le permite sostener el hogar que comparte con su hija. Su jornada, que se extiende hasta entrada la noche, no está exenta de riesgos; hace apenas unos meses, enfrentó una crisis de salud que puso en riesgo su vida tras una picadura de garrapata, un episodio del cual aún siente secuelas físicas.

Sobre este duro trance, Antonia compartió con gratitud: “Gracias a Dios me dio otra oportunidad de vida porque me picó una garrapata. Al parecer como que me dejó secuelas”. A pesar de la incertidumbre que le genera su salud, su compromiso con su hija es innegable. “Mi hija tiene 44 años y yo veo por ella. Ella nació con una condición”, relató, enfatizando que su trabajo es el pilar fundamental que les permite salir adelante día con día.

Más allá de su actividad comercial, Antonia compartió que, ha asumido un rol activo en la mejora de las instalaciones donde trabaja. Consciente de la importancia de los espacios comunes, ella misma ha gestionado mejoras como los señalamientos en los baños para indicar cuáles son el de los hombres y el de las mujeres y evitar confusiones, “por seguridad, sobre todo de los pequeños”. Asimismo, colaboró con la instalación de un espejo en el lavamanos y el suministro constante de jabón; pequeñas acciones que impactan directamente en la calidad del servicio que reciben los usuarios del Centro Tonantzin.

Actualmente, Antonia se encuentra a la espera de una respuesta tras haber entregado la documentación necesaria para acceder a programas de apoyo para pequeñas empresas. Esta ayuda sería un alivio significativo para su economía familiar, que complementa su labor de emprendimiento personal con los programas gubernamentales a los que ha tenido acceso, incluyendo el apoyo técnico para su puesto. Sobre sus horarios, ella detalla: “Estamos aquí de dos de la tarde a nueve y media de la noche”.

La historia de Antonia es un recordatorio de la importancia de los emprendimientos locales y el impacto que tienen en el bolsillo de las familias rosaritenses. Su dedicación no solo representa una forma de subsistencia digna, sino una lección de vida para la comunidad de la colonia Ampliación Constitución. El reconocimiento a su esfuerzo no debe limitarse a la admiración, sino que debe traducirse en el apoyo constante de las instituciones para que casos como el de ella encuentren la estabilidad que su entrega merece. Su capacidad para transformar un puesto de comida en un centro de mejora comunitaria es, sin duda, un hecho que merece ser visibilizado.

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