Por Isabel Mendoza
Playas de Rosarito, 31 de mayo de 2026.- Tras la reciente noticia sobre la prohibición del colorante rojo 3 en la industria alimentaria, expertos advierten que existen otros aditivos que deberían ser retirados del mercado por representar riesgos similares a la salud. Jessica Castañeda, directora de Biosea, instó a las autoridades a poner bajo lupa los colorantes amarillos y azules, los cuales continúan presentes en productos de consumo masivo sin restricciones claras.
La experta subrayó una disparidad preocupante en los procesos de aprobación. “Cuando la industria del medicamento va a sacar un producto nuevo, la carga de la prueba es hacia la industria: tiene que comprobar para qué sirve, sus efectos secundarios, etcétera. Pero cuando un producto comestible va a salir al mercado, no hacen ese tipo de análisis”, señaló Castañeda en entrevista para tijuanaenlina.com.
Castañeda cuestionó la lentitud institucional al abordar sustancias químicas que ya han mostrado peligrosidad en otros sectores. Recordó que, desde la década de los noventa, se conocía la necesidad de retirar ciertos componentes de productos como los lápices labiales. La directora de Biosea expresó su desconcierto ante la falta de acción inmediata en los alimentos, destacando que “hasta que pasan años y empiezan a haber algún comportamiento, entonces empieza a estudiar”.
Aunque actualmente el amarillo y el azul no cuentan con una prohibición oficial, la especialista enfatizó la necesidad de una revisión rigurosa. “Yo diría: pongamos atención a los demás colorantes, el amarillo y el azul también tienen sus efectos en la salud”, advirtió. Actualmente, existen más pigmentos bajo estudio, lo que sugiere que la lista de sustancias a vigilar podría incrementarse en el corto plazo.
Ante esta falta de medidas preventivas por parte de la industria, la responsabilidad de moderar la ingesta recae en los hábitos de las personas. La recomendación principal es reducir paulatinamente el consumo de productos ultraprocesados que presentan coloraciones intensas artificiales, tales como cereales comerciales con azúcar añadida, snacks, frituras y bebidas azucaradas, optando preferiblemente por alternativas naturales o alimentos con menor procesamiento. La reducción en la ingesta de estos aditivos es una medida preventiva fundamental mientras se espera que las regulaciones regionales se alineen con estándares de salud más estrictos.


