#Opinión| Históricamente, México ha invitado e incluso solicitado sostener estos lazos de intervención, utilizando la infraestructura de la CIA para espiar opositores internos y disidentes, y, ahora, para combatir al narcotráfico y mantener bajo control los flujos migratorios y la seguridad fronteriza. El discurso oficial rechaza la subordinación a intereses externos, pero la práctica evidencia una aceptación pragmática y hasta preferencial de estos mecanismos encubiertos.
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